La Casa Fantasma, Don Torcuato

El hallazgo de la quinta donde suponen que estuvieron secuestrados los curas jesuitas Yorio y Jalics. En el marco del cuarto juicio por la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) fue identificada la casa que se creía demolida.

Lordkipanidse es sobreviviente de la ESMA en el juicio aportó la dirección exacta de una de las quintas buscadas desde hace de cuatro décadas;  una casa ubicada en la calle General Ricchieri de la localidad de Don Torcuato, esquina Camacuá. Los curas jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics estuvieron secuestrados al parecer ahí en 1976. En la denuncia de Yorio ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) aparece mencionada esa esquina, como así también por Emilio Mignone en el Juicio a las Juntas. Se refieren a que la nombraban como “Villa Capucha” pero nadie la había ubicado.

La ESMA siempre funciono con satélites, según como lo entendió la fiscal Mercedes Soiza Reilly, las quintas eran los principales anexos, uno de los largos brazos del centro clandestino, hay muchas mencionadas en la causa. Una en Pacheco, cerca de la Ford. Otra en Tortuguitas o Del Viso. Otra en Panamericana y Thames, desde donde operó el Servicio de Inteligencia Naval.  Y por supuesto la quinta de Don Torcuato, con la presencia de los sacerdotes secuestrados.

La denuncia de Yorio ante la CONAPED relata lo siguiente: “Luego de un trayecto de diez o quince minutos, el coche entra a un lugar con árboles y nos detenemos muy cerca de la entrada, todavía escuchaba ruidos de la autopista, me subieron por una escalera y me metieron en un lugar donde oí una tos que pude reconocer: era del padre Jalics.”

El lugar donde subsistieron estaba en un altillo como de techo de tejas, con una ventana amplia y cerrada. Durante su privación de la libertad comieron y fueron viendo a ocho carceleros en el lugar. Entendieron que no había mucho movimiento, pero a veces venía gente y había reuniones, las conversaciones eran propias de oficiales. Yorio había trabajado en Don Torcuato por eso le parecieron le parecieron conocidos los sonidos del lugar, según figura en su declaración.

Hubo muchas más declaraciones de diferentes secuestros que todos apuntan a la misma quinta, primero se daban diferentes direcciones y no la podían ubicar, nadie sabía si era certero los datos que se brindaban, todo solo se regía a través de suposiciones. Pero mucho tiempo después de su búsqueda se logró llegar a dicha casa. Una vivienda con historia de terror y tristeza sobre sus  paredes.

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Lordkipanidse es sobreviviente de la ESMA en el juicio aportó la dirección exacta de una de las quintas buscadas desde hace de cuatro décadas;  una casa ubicada en la calle General Ricchieri de la localidad de Don Torcuato, esquina Camacuá. Los curas jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics estuvieron secuestrados al parecer ahí en 1976. En la denuncia de Yorio ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) aparece mencionada esa esquina, como así también por Emilio Mignone en el Juicio a las Juntas. Se refieren a que la nombraban como “Villa Capucha” pero nadie la había ubicado.

La ESMA siempre funciono con satélites, según como lo entendió la fiscal Mercedes Soiza Reilly, las quintas eran los principales anexos, uno de los largos brazos del centro clandestino, hay muchas mencionadas en la causa. Una en Pacheco, cerca de la Ford. Otra en Tortuguitas o Del Viso. Otra en Panamericana y Thames, desde donde operó el Servicio de Inteligencia Naval.  Y por supuesto la quinta de Don Torcuato, con la presencia de los sacerdotes secuestrados.

La denuncia de Yorio ante la CONAPED relata lo siguiente: “Luego de un trayecto de diez o quince minutos, el coche entra a un lugar con árboles y nos detenemos muy cerca de la entrada, todavía escuchaba ruidos de la autopista, me subieron por una escalera y me metieron en un lugar donde oí una tos que pude reconocer: era del padre Jalics.”

El lugar donde subsistieron estaba en un altillo como de techo de tejas, con una ventana amplia y cerrada. Durante su privación de la libertad comieron y fueron viendo a ocho carceleros en el lugar. Entendieron que no había mucho movimiento, pero a veces venía gente y había reuniones, las conversaciones eran propias de oficiales. Yorio había trabajado en Don Torcuato por eso le parecieron le parecieron conocidos los sonidos del lugar, según figura en su declaración.

Hubo muchas más declaraciones de diferentes secuestros que todos apuntan a la misma quinta, primero se daban diferentes direcciones y no la podían ubicar, nadie sabía si era certero los datos que se brindaban, todo solo se regía a través de suposiciones. Pero mucho tiempo después de su búsqueda se logró llegar a dicha casa. Una vivienda con historia de terror y tristeza sobre sus  paredes.

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